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Lo que comenzó como un llamado aislado de familias desesperadas se convirtió este domingo en una de las mayores manifestaciones en la historia reciente de Israel. Con la Plaza de los Rehenes como epicentro, decenas de miles de personas alzaron su voz para exigir un acuerdo humanitario que ponga fin al sufrimiento de los cautivos y de la población civil en Gaza.

Un grito que no puede ser ignorado

Las imágenes de la protesta —con banderas israelíes mezcladas con carteles que reclaman «Paz ahora»— dieron la vuelta al mundo. Lo más significativo fue la participación de sectores tradicionalmente aliados del gobierno, como militares retirados y líderes religiosos, quienes rompieron su silencio para unirse al reclamo. «Esto no es política, es humanidad», afirmó un rabino durante el acto.

El costo de la indiferencia

Mientras las autoridades insisten en que la ocupación de Gaza es una «cuestión de seguridad nacional», los manifestantes cuestionan: «¿Qué seguridad hay cuando nuestros rehenes siguen en peligro y la región arde?». La jornada también sirvió para visibilizar el deterioro de las condiciones de los cautivos, muchos de los cuales llevan meses sin contacto con sus familias ni acceso a atención médica.

¿Un punto de inflexión?

Analistas coinciden en que esta movilización podría marcar un antes y después en el conflicto. No solo por su magnitud, sino porque logró unir a fragmentos de la sociedad que antes parecían irreconciliables. El desafío ahora es traducir esta presión callejera en cambios reales en la mesa de negociaciones.

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