sábado 7 de noviembre de 2026 22:11 pm
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Lo que comenzó como una marcha pacífica de la Generación Z en la Ciudad de México terminó en violentos enfrentamientos con la policía este sábado, dejando un saldo de 100 policías heridos y 20 detenidos. Las protestas, que surgieron como respuesta al asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, reflejaron el descontento juvenil por la falta de seguridad y oportunidades, pero también desataron un debate político sobre el origen de las movilizaciones, que el gobierno de Claudia Sheinbaum ha calificado como manipuladas por intereses externos.

Según las autoridades, unas 17,000 personas participaron en la marcha, pero fue un grupo de alrededor de 1,000 manifestantes encapuchados el que escaló la tensión al romper barreras y lanzar artefactos explosivos contra los agentes. Pablo Vázquez, secretario de Seguridad de la Ciudad de México, reportó que 20 civiles resultaron heridos, mientras que los 100 policías lesionados recibieron atención médica por heridas leves. Las 20 personas detenidas fueron acusadas de actos violentos, y otras 20 enfrentan procesos por faltas administrativas.

El crimen del alcalde Carlos Manzo fue el detonante de las protestas, que reunieron a jóvenes bajo consignas como «Quienes deberían protegernos guardan silencio» y «No somos ni de izquierda ni de derecha, somos una generación que se cansó de agachar la cabeza». Los manifestantes, muchos de ellos con banderas del anime One Piece, exigieron justicia y cambios profundos en un sistema que, según ellos, no les ofrece un futuro digno. Este símbolo, adoptado en protestas similares en países como Indonesia, Nepal y Madagascar, ha unido a jóvenes en todo el mundo bajo una misma demanda: seguridad, oportunidades y respeto.

Sin embargo, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha cuestionado la autenticidad de las protestas. La presidenta afirmó que la convocatoria fue orquestada digitalmente por opositores locales y grupos de derecha internacional, utilizando 8 millones de bots y una campaña digital valorada en 90 millones de pesos (unos 4.9 millones de dólares). «Muchos no tienen nada que ver con la Generación Z, sino que se trata de un impulso promovido desde el extranjero en contra del gobierno», declaró Sheinbaum. Miguel Elorza, del «Detector de Mentiras» del gobierno, respaldó esta versión, señalando que la protesta fue «inorgánica y pagada», con participación de figuras como los empresarios Ricardo Salinas Pliego y Claudio X. González, el expresidente Vicente Fox, y otros críticos del gobierno.

Este fenómeno no es nuevo. En los últimos meses, protestas bajo la bandera de la Generación Z han sacudido a varios países, con resultados distintos: en Nepal, llevaron a la renuncia del primer ministro; en Madagascar, provocaron un cambio de gobierno; y en Indonesia, se extendieron por semanas. En América Latina, ya se han visto manifestaciones similares en Paraguay y Perú, donde el Congreso destituyó a la presidenta Dina Boluarte. Aunque cada movimiento responde a realidades locales, todos comparten una simbología común —como el uso de One Piece— y una demanda por cambio que trasciende fronteras.

Mientras el gobierno mexicano condenó los actos violentos y reafirmó su respeto a la libertad de expresión, el debate sobre la legitimidad de estas protestas sigue abierto. ¿Son una expresión genuina del descontento juvenil o una maniobra política? Lo cierto es que la Generación Z mexicana ha dejado en claro que no piensa callar. Con consignas como «No somos ni de izquierda ni de derecha, somos una generación que se cansó», los jóvenes exigen seguridad, justicia y un futuro con oportunidades, en un país donde la violencia y la desigualdad siguen siendo desafíos urgentes.


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