Audoine Amazan, de 38 años, no era un desconocido para las autoridades de Nueva York. Con un historial de agresiones contra mujeres sin hogar y trabajadoras sexuales, este hombre ha explotado durante años las grietas de un sistema que falla en proteger a sus ciudadanos más vulnerables. Su último crimen, el estrangulamiento de Shivonne Thompson bajo un paso elevado en Harlem, no solo es un acto de violencia extrema, sino un ejemplo de cómo los depredadores pueden operar impunemente cuando sus víctimas son aquellas que la sociedad ha aprendido a ignorar.
Thompson, de 44 años, era una mujer con esquizofrenia que había luchado durante años contra la falta de vivienda. En 2015, había expresado a un periodista su temor a morir en las calles de Nueva York, un destino que, trágicamente, se cumplió diez años después. Su cuerpo fue encontrado el 1 de julio de 2025 bajo el paso elevado de Harlem River Drive, con signos de estrangulamiento y múltiples traumatismos. Las cámaras de seguridad capturaron a Amazan acercándose a Thompson cerca de las 11:56 de la noche del 30 de junio, horas antes de que su cuerpo fuera descubierto.
Lo que hace a Amazan particularmente peligroso es su patrón de comportamiento. Según la fiscalía, su ADN fue encontrado en el cuello, la vagina y la zona perianal de Thompson, lo que sugiere que la agredió sexualmente antes de matarla. Pero este no es su primer crimen. En noviembre de 2024, una mujer sin hogar denunció haber sido golpeada y agredida sexualmente por un hombre que coincide con la descripción de Amazan. Aunque no pudo proporcionar detalles precisos, los investigadores encontraron su ADN en la ropa de la víctima. Además, se le vincula a otro caso en el que una mujer sin hogar fue violada en el tejado de un edificio de NYCHA cerca del albergue donde Amazan vivía.
El abogado defensor de Amazan, H. Mitchell Schuman, ha argumentado que no hay pruebas concluyentes que lo vinculen directamente con la muerte de Thompson. Sin embargo, la fiscal adjunta Danielle Turcotte fue clara al describir su historial: «El acusado tiene antecedentes de atacar a personas cuyas circunstancias vitales les dificultan denunciar su abuso». Este patrón sugiere que Amazan se aprovechaba de mujeres en situaciones de vulnerabilidad extrema, sabiendo que eran menos propensas a denunciarlo o que sus denuncias serían tomadas menos en serio.
El caso ha puesto de manifiesto las fallas del sistema de justicia y protección social en Nueva York. Las mujeres sin hogar, como Thompson, son particularmente vulnerables a la violencia, pero a menudo no reciben la protección que necesitan. Los refugios están saturados, los servicios de salud mental son insuficientes, y la policía no siempre toma en serio las denuncias de personas en situación de calle. «Es un círculo vicioso», explicó una trabajadora social que prefirió no ser identificada. «Estas mujeres no tienen a dónde ir, no tienen quién las proteja, y los depredadores como Amazan lo saben».
Mientras Amazan espera su juicio en Rikers Island, bajo custodia preventiva y vigilancia por riesgo de suicidio, la ciudad se enfrenta a preguntas difíciles. ¿Cómo es posible que un hombre con su historial pudiera seguir atacando a mujeres sin hogar sin ser detenido? ¿Por qué las víctimas como Thompson no recibieron la protección que merecían? El caso ha reavivado las llamadas a reformar el sistema de justicia y a proporcionar más recursos para proteger a las personas en situación de calle, especialmente a las mujeres, quienes son desproporcionadamente víctimas de violencia.




