viernes 2 de octubre de 2026 17:53 pm
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El kilómetro cero de la indignación

Hay plazas que se convierten en termómetros de países, y la Puerta del Sol volvió a serlo esta semana. Todo empezó —como tantas crisis españolas— con un nombre propio: Maricarmen, la inquilina mayor desahuciada el 23 de septiembre de su vivienda y trasladada al hospital Gregorio Marañón. Su caso encendió la mecha: tres días después, 25,000 personas marchaban por Madrid, y el lunes siguiente las primeras tiendas de campaña florecían sobre el pavimento del kilómetro cero.

El viernes de la verdad

Este viernes, sexto día de acampada, era el día del veredicto parlamentario: los dos decretos con los que el Gobierno de Sánchez intentaba frenar la crisis de vivienda —renovación automática de alquileres, topes a las rentas, límites a los fondos buitre— se jugaban su supervivencia en el Congreso. Sánchez lo avisó por la mañana: «Este Gobierno no va a dar un paso atrás en su lucha por el derecho a la vivienda». No bastó. Junts —el partido de Puigdemont, en su pulseada eterna con Madrid— se sumó a PP y Vox, y los decretos cayeron: 172 contra 178, y 166 contra 184.

La plaza responde

Pero si alguien esperaba desánimo en Sol, eligió mal la plaza. Los concentrados junto al Congreso regresaron cantando «No nos vamos, nos quedamos» y «La lucha está aquí y no en el Parlamento». Ya son más de 1,300 tiendas y unas 2,000 personas —con-extension por la calle Arenal y ahora también Callao—, y la vida interna del campamento tiene su propia economía solidaria: los baños de los vecinos que abren sus puertas, las duchas de El Teatro del Barrio en Lavapiés, las donaciones de comida de los simpatizantes, un puesto de préstamo de libros, un coworking con regletas para seguir trabajando. Las pancartas cuentan el catecismo del movimiento: «Madrid no se vende», «Sin vivienda no hay vida», «Más allá de Maricarmen».

Los dos futuros

Y alrededor, dos armas desenfundadas: Ayuso recurrió a los tribunales para desalojar la plaza —la jueza de turno se declaró incompetente y el asunto subió al Tribunal Superior, con 48 horas de plazo— mientras en Moncloa Sánchez abre la carpeta más delicada: la del adelanto electoral. La acampada, entretanto, mira a ambos frentes con una calma que inquieta. Tienen lonas, agua, libros, y tiempo. Y han decidido no tener fecha de salida. ⛺🔥

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