Fue una semana de las que marcan un pontificado. Comenzó el domingo 11 de octubre, cuando León XIV anunció desde la ventana del Palacio Apostólico que debía someterse a una cirugía para extirparse un nódulo en un pulmón. Continuó el martes 13, con una operación de 90 minutos en el Gemelli para extirpar un adenocarcinoma y el lóbulo inferior del pulmón derecho mediante cirugía videoasistida. Y concluyó este sábado, con el alta hospitalaria y el regreso al Vaticano.
«Tras los análisis de sangre, la radiografía de tórax realizada esta mañana y la evaluación de su estado clínico, el Santo Padre ha sido dado de alta», informó el equipo médico en un comunicado difundido por la Santa Sede, que confirmó que el pontífice abandonó el hospital a primera hora de la tarde tras cinco días de ingreso.
Convalecencia productiva
El reposo no fue sinónimo de inactividad. En los cinco días de hospitalización, la recuperación del papa evolucionó favorablemente y le permitió retomar parte de su labor y celebrar misas en el área habilitada en la planta décima del policlínico romano. El viernes circularon las primeras imágenes del pontífice tras el quirófano: oficiando misa junto a su secretario personal, el peruano Edgar Rimaycuna, con visible buen semblante.
La llamada a Putin
El mismo viernes, desde la habitación del hospital, León XIV sostuvo una conversación telefónica con el presidente ruso, Vladímir Putin. El papa le pidió una tregua con Ucrania, le ofreció el diálogo de la Santa Sede, expresó su profunda preocupación por la crisis humanitaria de Oleshki —en la región de Jersón— y reclamó la llegada de ayuda alimentaria y sanitaria a esa zona. Mañana domingo, ya en el Vaticano, el pontífice presidirá el ángelus desde la ventana de sus aposentos: la misma escenografía del anuncio, ahora con un final feliz de por medio.
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