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Hace 165 millones de años, en los bosques del Jurásico Medio, ya había conversaciones que ningún ser humano habría podido escuchar. Esa es la conclusión de un estudio internacional publicado en PNAS que reconstruyó el primer paisaje sonoro preciso de aquella era a partir de fósiles, y que descubre en la Sigmaboilus peregrinus al emisor de ultrasonidos más antiguo conocido del reino animal. (NVI Noticias)

El equipo, liderado por Jun-Jie Gu, trabajó durante más de una década en la recreación. Su materia prima: 20 alas fosilizadas de nueve especies de ensíferos — el linaje de grillos y grillotopos — halladas en la formación Jiulongshan de Mongolia Interior, China. En esos insectos, los machos generan sonido mediante estridulación, frotando una estructura dentada del ala contra un raspador de la otra; las alas fósiles conservaron las huellas de ese mecanismo durante 165 millones de años. (Gizmodo, Yahoo Noticias)

Para convertir morfología en sonido, el equipo aplicó vibrometría láser a especies vivas, construyó modelos biomecánicos de los insectos extintos y empleó machine learning para estimar los ritmos y tasas de llamada. El resultado: la mayoría de las especies emitían tonos puros alrededor de los 5 kHz — audibles y parecidos a grillos actuales —, pero Sigmaboilus peregrinus ocupaba un canal distinto: más de 20 kHz, en pleno rango ultrasónico.

Una ventana a las relaciones invisibles de un ecosistema perdido

El hallazgo reescribe la historia evolutiva de las altas frecuencias: la comunicación ultrasónica animal operaba a pleno rendimiento unos 100 millones de años antes de los primeros murciélagos conocidos. La lógica ecológica es una carrera armamentística: las señales de alta frecuencia son direccionales y se atenúan rápido, permitiendo a los insectos cortejar sin ser interceptados por depredadores que escuchan. (NVI Noticias)

La recreación revela, además, un bosque con «orquesta» compleja y estructurada: cada especie ocupaba su banda de frecuencia — la misma partición de nichos acústicos que hoy se observa en las selvas tropicales — para evitar que los cantos se solaparan. Curiosamente, el equipo de Gu también colaboró años con los creadores de la miniserie documental de Netflix sobre dinosaurios para darles precisión sonora. El método abre ahora la posibilidad de reconstruir otros paisajes sonoros desaparecidos, siempre que los órganos productores de sonido hayan fosilizado bien. (TN, Techno-Science)

Hashtags: #Ultrasonidos #Jurásico #PNAS #Murciélagos #Paleobiología

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