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En este instante, más de 17,000 niños y adolescentes inmigrantes recién llegados que viven en el sistema de albergues municipales, en su gran mayoría provenientes del Caribe y Suramérica, tienen la completa seguridad de un pupitre en las 1,800 escuelas públicas de la Ciudad de Nueva York, lo que casi ninguno de ellos tiene claro, es si deben cambiar de lugar de alojamiento en las próximas semanas o meses..

Actualmente, sobre miles de inmigrantes pesa la posibilidad que en los próximos meses, les llegue una notificación que les indique que deben aplicar para un nuevo refugio, que no necesariamente quedará en el mismo condado en donde están matriculados, debido a la regla que limita a 60 días la permanencia de las familias recién llegadas en los albergues.

Como describe Nicole Brownstein, portavoz del Departamento de Educación de la Ciudad de Nueva York (DOE) el Proyecto Brazos Abiertos (Open Arms) que se creó desde 2022, significa un gran desafío y un esfuerzo coordinado entre diferentes agencias municipales, para apoyar a los nuevos estudiantes que están hospedados en viviendas temporales.

Ante este reto monumental de reubicación de familias, que podría incluso agudizarse después del invierno, la Ciudad está barajando la conexión de los alumnos con planteles que estén “razonablemente distanciados” de los refugios. Además de ofrecer en este proceso, que para muchos es una transición, todos los recursos multilingües posibles.

“Para los estudiantes en edad de escuela primaria y secundaria, cumplimos con la Ley McKinney-Vento, que establece que los estudiantes en viviendas temporales, tienen derecho a ser ubicados en su escuela zonal. Si no hay asientos disponibles en escuelas zonales cercanas, estamos siendo estratégicos al ubicar a los estudiantes en escuelas equidistantes con asientos abiertos, que también satisfagan las necesidades de nuestros estudiantes”, ratifica Brownstein.

Este proceso incluye ayuda con la inscripción escolar y acceso a programas de salud mental.

Más maestros en español

También siguen perfeccionado los múltiples programas para apoyar a los estudiantes que aprenden inglés, con más de 3,400 maestros con licencia de inglés como nuevo idioma. Y más de 1,700 maestros bilingües certificados que hablan español.

“Se han hecho esfuerzos de traducción para apoyar con servicios a las familias y contamos con soporte para que los estudiantes tengan una educación formal interrumpida, incluida orientación educativa y programas de intercambio de recursos para educadores”, amplía la vocera del DOE.

“Debemos agradecer y adaptarnos”

Desde la primavera de 2022 cuando empezaron a llegar miles de familias buscando una vida mejor, también en esa aspiración, se encontraba en “letras mayúsculas” el anhelo de una mejor educación para niños, que huyeron de diferentes crisis humanitarias. Pero también de las trabas de contar con un sistema escolar que les permitiera soñar.

La venezolana Claudia Vásquez, de 32 años, es solo un ejemplo de ello. La inmigrante vive en un refugio en el sur de El Bronx desde el pasado verano. Asegura que “sacrificará lo que sea”, para que su pequeña de 8 años, que tiene algunos problemas psicomotores y de aprendizaje, pueda progresar en la escuela, en donde como ella misma lo cuenta, fue recibida con los “brazos abiertos”.

“Tristemente en mi país se debía escoger entre pagar el pasaje para llevar a la niña a la escuela o alimentarla. Las dos cosas al mismo tiempo no se podían. Los últimos dos años, simplemente no fue a la escuela. Por eso en el salón en donde llegó aquí en El Bronx, es la más grande”, relata Claudia.

La inmigrante sudamericana, quien además es madre soltera, da fe que su pequeña fue recibida con un apoyo que nunca olvidará: “ella ama ir a la escuela, a pesar de que a la mayoría de los niños no los entiende y tampoco las clases. Ella ahora dice que quiere ser también maestra. Y a pesar de que no tengamos hoy un hogar estable. Y nuestra vida está tambaleando en muchos sentidos. Lo único que me mueve, es que ella pueda salir adelante con educación”.

Claudia dice que si debe reubicarse del sitio en donde está hospedada, lo hará sin causar problemas porque tiene la convicción que la Ciudad, no puede “matemáticamente” adaptarse a las necesidades de cada familia.

“Somos miles. Está de parte de miles de inmigrantes tratar de colaborar al máximo. Ya sé de familias que se han movido de refugios y les ha tocado la escuela cerca. Y otras que les queda lejos, pero resuelven. Otras decidieron irse a otra ciudad. Lo que sí puedo asegurarte, es que hay la intención de ayudar y que los niños sigan sus clases”, interpreta la inmigrante suramericana.

Demografía de las escuelas de NYC:

72.8% de los estudiantes de las escuelas públicas de NYC tiene dificultades económicas.

20.9% tiene alguna discapacidad.

14.1% de los alumnos no dominan inglés.

Por Fernando Martínez

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