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Un susurro que se convirtió en confesión

Cuando los policías llegaron al domicilio de Damon Foy, en el norte del estado neoyorquino, tras el reporte de una mujer desaparecida, no esperaban la respuesta que recibirían. El hombre, de 50 años, se acercó a los efectivos y les murmuró una sentencia demoledora: la víctima estaba dentro y él era su asesino. Ese instante marcó el inicio del fin de uno de los casos más estremecedores registrados en el condado de Ulster (Daily Freeman).

El móvil según el propio imputado

Para Foy, el origen del crimen se remontaba a una relación tóxica, según su particular versión. En declarations ante los investigadores, el hombre sostuvo que Alberta Dale, de 44 años, lo había tratado «como a un tonto»: lo habría engañado, burlado de él y, finalmente, echado de la casa donde vivían. Esos supuestos agravios, relatóto, fueron aclarando poco a poco su decisión de actuar. Los fiscales, no obstante, subrayan que Dale había terminado la relación y contaba con una orden de alejamiento vigente (Fox News).

La maleta y la flor

El registro del inmueble arrojó la prueba más perturbadora del expediente. En un ropero, los agentes localizaron un equipaje con una flor en su interior que, al abrirse bajo autorización judicial, contenía el cuerpo fragmentado de Dale, incluida su cabeza amputada. El sospechoso se negó a explicar el significado de la flor; únicamente mencionó que reflexionaba sobre «lo que ocurrió esa noche para llevar las cosas al extremo».

Un historial violento que venía de atrás

Los antecedentes no eran menores: Foy acumulaba denuncias por maltrato hacia Dale, uno de sus choques previos incluyó un arma y, durante la búsqueda de la mujer, los uniformados también observaron un hacha en la vivienda. La propia Dale había anticipado a las autoridades su temor fundado: si llegaba a faltar, su expareja sería el responsable (Yahoo News).

Cierre judicial de dos años y medio

Tras un proceso que consumió importantes recursos de la Fiscalía durante más de dos años y medio, Foy se declaró culpable de asesinato en segundo grado ante el juez Bryan Rounds. El acuerdo lelimina dos años de la pena máxima: enfrentará entre 23 años y la prisión perpetua, castigo que la familia de la víctima respaldó expresamente. La sentencia formal se conocerá el 16 de diciembre (Syracuse.com).

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