Un ataque que destruyó la inocencia El miércoles 27 de agosto, la Annunciation Catholic School en Minneapolis vivió su peor pesadilla. Durante una misa matutina, Robin Westman, de 23 años, abrió fuego con un rifle, una escopeta y una pistola, dejando dos niños muertos y 17 heridos. El agresor, que no tenía antecedentes penales, se suicidó tras el ataque.
El plan del atacante: Videos y mensajes violentos Antes del tiroteo, Westman subió videos a YouTube donde mostraba sus armas —algunas con frases como “Matar a Donald Trump”— y un dibujo de la iglesia con las ventanas marcadas. También dejó escritos donde expresaba su obsesión con tiroteos escolares. El FBI investiga si el ataque fue un crimen de odio contra católicos o si estuvo influenciado por ideologías extremistas.
Las víctimas: Niños y adultos en estado crítico Entre los heridos, 14 eran menores de entre 6 y 15 años, algunos en estado grave. Uno de los niños sobrevivientes relató: “Escuché los disparos y solo pensé en esconderme. No sabía si volvería a ver a mi familia”. Tres adultos mayores de 80 años, que asistían a la misa, también resultaron heridos.
Una comunidad en duelo El tiroteo desató una ola de solidaridad. Cientos de personas se reunieron en vigilias, mientras el alcalde Jacob Frey y el gobernador Tim Walz pidieron unidad y acciones contra la violencia. El Papa Leo XIV envió un mensaje de condolencia, y el presidente Donald Trump ordenó banderas a media asta.
¿Cuándo terminará la violencia? Este ataque reavivó el debate sobre el acceso a las armas en EE.UU., donde los tiroteos masivos son cada vez más frecuentes. Mientras las familias de las víctimas intentan recuperarse, la sociedad se pregunta: ¿Qué se necesita para que esto no vuelva a pasar?
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