Una propuesta con fecha de vencimiento
El presidente Donald Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, han presentado un plan de paz para Gaza que exige a Hamás una respuesta en menos de cuatro días. El acuerdo, descrito como «histórico», busca detener una guerra que ha cobrado la vida de miles de palestinos e israelíes, pero su éxito depende de la voluntad de un grupo que ha resistido décadas de presión.
Los puntos más polémicos del plan
El documento incluye la liberación inmediata de rehenes, el desarme de Hamás y la exclusión del grupo de cualquier futuro gobierno en Gaza. Además, se crearía una autoridad de transición supervisada por una junta internacional, con Trump a la cabeza. Israel, por su parte, se comprometería a retirar sus tropas, aunque mantendría una presencia militar en zonas estratégicas.
Reacciones encontradas
Mientras la comunidad internacional celebra el esfuerzo diplomático, en Gaza el plan es visto con recelo. «No es una solución, es una rendición», declaró un portavoz de Hamás, reflejando la postura de muchos en el territorio. La ONU, por su parte, ha instado a todas las partes a priorizar el diálogo, pero sin garantizar que el acuerdo conduzca a una paz duradera.
El dilema de Hamás
Aceptar el plan significaría el fin de su dominio en Gaza, pero rechazarlo podría llevar a una ofensiva israelí aún más devastadora. Mientras, la población civil sigue sufriendo las consecuencias de la guerra, con escasez de alimentos, medicinas y servicios básicos. «No tenemos más tiempo», advirtió un médico en Gaza, donde los hospitales están al borde del colapso.
¿Qué pasará si Hamás dice no?
Trump ha dejado claro que, en caso de rechazo, Hamás enfrentará un «final triste». Netanyahu, por su parte, ha prometido «terminar el trabajo» si el grupo no acepta las condiciones. El reloj corre, y el futuro de Gaza pende de un hilo.
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