Manhattan, la recepción
El Lotte New York Palace Hotel, ese edificio de lujo a pasos de la catedral de San Patricio, fue testigo de una de esas imágenes que los protocolos fabrican y la historia retiene: el presidente Luis Abinader y la primera dama, Raquel Arbaje, de pie junto a Donald Trump, en la recepción que el mandatario estadounidense ofreció a los jefes de Estado y de Gobierno que vinieron al mundo entero a la Gran Manzana por la Asamblea General de la ONU.
Fue una velada de salones dorados y conversaciones en los márgenes — el espacio donde, fuera de las sesiones formales, los líderes del planeta se miden, se buscan y a veces se entienden. La imagen de los tres circuló primero por los canales oficiales de la Presidencia y después por todos los medios dominicanos.
La agenda detrás del flash
Pero la recepción fue apenas la foto visible de una semana intensa. Abinader subió a la tribuna de la Asamblea General para exponer las prioridades dominicanas ante el mundo, cerró reuniones bilaterales con líderes internacionales, conversó con organismos multilaterales, escuchó a empresarios y compartió con la diáspora — la agenda completa de un país que usa la ONU como vidriera y plataforma.
El epílogo en Washington
Y luego, el miércoles, llegó el broche inesperado. En la Casa Blanca, durante la celebración del Mes de la Herencia Hispana, Trump tomó el micrófono y habló de Abinader como «un gran tipo». Y soltó la anécdota: le preguntó si quería cambiar a la embajadora estadounidense en Santo Domingo, porque «algunas personas no están contentas» con sus embajadores por ahí. La respuesta dominicana, según su relato: «Por favor, ni siquiera lo piense, señor». Y el remate, dirigido a la diplomática Leah Campos: «Así que eso significa que usted lo está haciendo bien».
Una recepción en Manhattan, un discurso ante el mundo y un elogio en Washington: una semana redonda para la diplomacia dominicana. 🇩🇴🤝




