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En la cultura japonesa no despierta admiración quien realiza grandes acciones individuales, que conducen a poner de relieve las virtudes de una persona. Lo que prima en esa cultura es el sentido de lo colectivo, como lo probaron los «héroes de Fukushima».

Lo primero que le enseñaron los «héroes de Fukushima» al mundo es que Japón y Occidente piensan de manera radicalmente diferente en lo que tiene que ver con el heroísmo. Fueron los diarios occidentales los que bautizaron a estos hombres y mujeres como héroes, mientras que en Japón hay cierto desprecio hacia ellos y no causa ningún asombro su sacrificio.

En torno al grupo hay dos palabras que se repiten frecuentemente: deber y honor. Ambos términos aluden a valores que están fuertemente arraigados en la cultura japonesa. No lo consideran algo fuera de lo común, sino un mínimo ético al que todo japonés está obligado.

El equipo tenía la clara conciencia de que tarde o temprano esta faena les costaría la vida. Se expusieron a un nivel de radiación que produce enfermedades graves, principalmente cáncer. Sabían perfectamente a lo que se arriesgaban, pero primaba en ellos el sentimiento de deber con los demás, lo cual es sinónimo de honor en su cultura.

La tragedia en Japón

La tragedia de Fukushima se considera uno de los dos grandes desastres nucleares de la historia, junto con Chernóbil. Las bombas atómicas no cuentan, porque fueron descargadas deliberadamente con fines bélicos. En cambio, en Fukushima y Chernóbil, aunque con la complicidad de errores humanos, lo que sucedió fue un accidente.

Recordemos que el 11 de marzo de 2011 Japón sufrió un sismo de magnitud 9.0, que dio origen a un devastador tsunami, en la costa noroeste. Esto condujo a desperfectos en la central nuclear de Fukushima, propiedad de la empresa TEPCO. Hubo una fallo eléctrico en el sistema principal y luego el agua llevada por el tsunami dejó inoperativos los sistemas eléctricos de emergencia.

Todo esto condujo a que colapsaran la refrigeración de la planta. La consecuencia fue una serie de explosiones que, a su vez, condujeron a una liberación de la contaminación radiactiva. La zona fue totalmente evacuada, pero el peligro de que se produjera una explosión nuclear a gran escala obligó a que muchos trabajadores de TEPCO volvieran al sitio para evitarlo.

Los «héroes de Fukushima»

En principio se quedaron 180 trabajadores de TEPCO haciendo lo posible para contener el desastre. Entraban a la planta en grupos de 50, por lo que se les bautizó inicialmente como «los 50 de Fukushima». Todos ellos eran voluntarios, gran parte jubilados o próximos a la jubilación.

Para esto había una razón práctica: las personas mayores estaban, obviamente, más cerca de la muerte. Y el cáncer desatado por la radiación tarda varios años en aparecer. A partir de este dato, era probable que muchos fallecieran antes de que la enfermedad se manifestara plenamente. Entraban con trajes especiales, pero estos no los protegían de partículas radiactivas invisibles.

Su misión central era mantener enfriados los reactores. Sus pesados trajes no les dejaban moverse con libertad y entrar en el sitio del desastre era como penetrar en el infierno, por la temperatura y la incomodidad. Si no evitaban que la central explotara, las consecuencias serían muy graves no solo para Japón, sino para todo el planeta.

Deber y honor

Mientras Occidente los llamaba «héroes», en Japón crecía el desprecio de la sociedad hacia ellos. Todos en el país tienen vivo el recuerdo del sufrimiento originado por la radiación que produjeron las bombas atómicas de las que fueron víctimas. Nadie se explicaba cómo la empresa TEPCO falló en la construcción de la central. Estaban obligados a crear unas instalaciones a prueba de todo.

Así que gran parte de los japoneses pensaba que lo mínimo que podían hacer era tratar de reparar los errores. Consideraban que, como miembros de la empresa TEPCO, estaban en la obligación de asumir la responsabilidad de su descuido. Y muchos de los trabajadores opinaban lo mismo, por eso hacían su labor con sus compatriotas en mente y con la idea de que simplemente cumplían su deber.

La cultura japonesa no ve la vida colectiva como una suma de individualidades. Para la población, hay un proyecto de empresa y de país en el que el equipo es la esencia de todo; no les gustan los «genios» que sobresalen por encima de otros.

Valoran, principalmente, la capacidad de  trabajar con y por los demás. Finalmente, ese es el secreto de su éxito en el mundo. Sentido colectivo en su máxima expresión es la gran enseñanza de los «héroes de Fukushima».

lamenteesmaravillosa.com

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