jueves 8 de octubre de 2026 17:11 pm
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En la región rusa de Irkutsk, a más de 4,000 kilómetros de Moscú, funciona desde 1934 uno de los centros de referencia mundial en el estudio de la peste: el Instituto Antiplagas de Investigaciones de Siberia y el Lejano Oriente. Allí trabajaba Darya Shipilova, de 28 años, hasta que el 2 de octubre ingresó al hospital de Shélejov con un cuadro que los médicos no han logrado explicar y que terminó con su vida. Esa paradoja —una especialista en patógenos muriendo de una enfermedad que su propio instituto fue creado para combatir— es el corazón de un misterio sanitario que tiene a medio mundo expectante.

Las versiones sobre lo ocurrido se contradicen con una regularidad inquietante. El gobernador de Buriatia afirmó que la joven murió de «una forma no especificada de peste»; Rospotrebnadzor sostiene que fue una «neumonía de etiología desconocida» y niega rotundamente que hubiera un accidente en la manipulación de microorganismos, alegando que una investigación interna confirmó el cumplimiento de todos los protocolos de seguridad; y los medios rusos manejan dos hipótesis no confirmadas: un contagio de Yersinia pestis durante un reciente viaje a Tailandia o la rotura accidental de un tubo de ensayo con patógenos en su lugar de trabajo.

La opacidad ha convertido el caso en un asunto diplomático. Estados Unidos comenzó a intercambiar información con Rusia sobre el suceso apenas se conoció la muerte; su embajada en Moscú emitió una alerta sanitaria pidiendo a los estadounidenses abandonar el país y no viajar a él; el secretario de Estado Marco Rubio exigió transparencia; y el propio Donald Trump anunció una llamada telefónica «muy pronto» con Vladímir Putin para abordar el tema. En el plano interno, el Kremlin limitó su mensaje a pedir que se siga solo la información oficial de Rospotrebnadzor, cuyos profesionales calificó de «altamente cualificados».

La OMS, por su parte, ha ofrecido ayuda técnica a Rusia mientras reclama un intercambio de información «rápido, completo y transparente». Su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, reveló que Moscú le comunicó que no se había notificado recientemente ningún caso de peste en la región y que unas 200 personas estuvieron en cuarentena como contactos, pero el organismo aún no ha determinado la causa de la muerte y ha pedido aclaraciones también sobre un reporte de un segundo trabajador del instituto con neumonía indeterminada.

Con el riesgo evaluado como «muy bajo» para Europa, bajo para Rusia y entre moderado y bajo para Irkutsk, la pregunta que flota sobre Siberia es tan simple como incómoda: si no fue peste y no hubo accidente, ¿qué mató a Darya Shipilova? Mientras Rusia no responda con datos verificables, la vigilancia internacional —que ya incluye al Comité de Seguridad Sanitaria de la UE, el ECDC y la autoridad HERA— seguirá mirando hacia Irkutsk.

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