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Los ovnis de toda la vida —hoy rebautizados como fenómenos anómalos no identificados (FANI)— tienen un nuevo impulsor institucional: Jared Isaacman, el empresario y astronauta privado que hoy dirige la NASA, quien reclamó para la agencia un papel protagónico en la investigación de estos casos, incluida la hipótesis extraterrestre. «Si son extraterrestres, creo que la NASA debería tener un asiento en la mesa», declaró en una entrevista con Blake Burman en The Hill, donde sostuvo que su postura al abordar cada caso es «primero, mantener la mente abierta», porque «en cierto modo es nuestro trabajo intentar responder a la pregunta ‘¿estamos solos?'». La novedad es que hasta ahora el tema quedó, sobre todo, bajo la órbita de los organismos militares y de inteligencia de Estados Unidos, alimentado por informes de personal militar, imágenes desde aeronaves y testimonios que describen trayectorias y velocidades inusuales.

Isaacman, sin embargo, no vende certezas: aclaró que un objeto no identificado no constituye por sí mismo una prueba de tecnología extraterrestre, ya que la falta de datos, las limitaciones de los sensores, los errores de percepción, los eventos meteorológicos y los desarrollos tecnológicos reservados pueden explicar buena parte de los casos. Su intuición se inclina primero hacia fenómenos naturales o tecnología terrestre en desarrollo, pero mantuvo dos vías abiertas. La científica: las misiones que estudian mundos potencialmente habitables, como Europa y Encélado, cuyos océanos internos bajo el hielo concentran la atención astrobiológica («No podríamos afirmar que no existe vida en nuestro propio patio trasero, y mucho menos en los miles de millones de estrellas de la Vía Láctea», zanjó). Y la estratégica: la posibilidad de un «momento Sputnik» contemporáneo, en referencia al satélite soviético de 1957 que sorprendió a Washington y desembocó en la creación de la NASA. «¿Es un adversario probando sistemas de propulsión de próxima generación? Sin duda, entra dentro de lo posible», dijo, al tiempo que sus declaraciones coinciden con el impulso de la administración de Trump para desclasificar documentos sobre UAP mediante el sistema PURSUE. Para Robert Powell, de la Coalición Científica para el Estudio de los FANI, esa vía solo protege la entrega de información al mecanismo presidencial —como ya hacía la oficina AARO— y el Congreso sigue siendo clave para exigir respuestas al aparato militar.


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